¡Hola de nuevo!
Sí, ¡estoy viva! Llevaba mucho desaparecida , lo sé. Pero ahora disfruto de algo maravilloso, ¡tiempo! Así que he podido cocinar unas cosillas, fotografiarlas y aquí estoy, al teclado de nuevo.
La desconexión ha sido larga por un motivo. Estoy embarazada, ¡de casi 7 meses ya! Y hasta el quinto mes he estado con náuseas, mareos, mucho cansancio,.. y el blog pasó a un segundo término, bueno, tercer o cuarto más bien. Entre intentar cumplir en el trabajo, hacer mínimos en casa y prepararme para el examen de 5º de inglés, he ido sobreviviendo con días de todo tipo.
Afortunadamante, ahora tengo tiempo para descansar puesto que ya no trabajo, lo cual me ha sentado bien, no os mentiré. No seguir horarios fijos y poder ir a mi ritmo me ha permitido relajarme y eso me ha llevado a encontrarme mejor. Ahora la tripa comienza a pesar, pero ya no siento que sobrevivo, sino que ahora ¡vivo! y disfruto del embarazo y de la tranquilidad de ir haciendo cosas que me gustan poco a poco. Como dice mi madre, ya no mando yo, manda la peque que llevo dentro, y el ritmo de actividad ha descendido, cosa que ahora ya acepto con tranquilidad.
¡Lo peor es el calor! suerte del aire acondicionado porque sino... nunca había pasado tanto calor, ¡pero si yo era de las de salir una noche de verano con chaquetita!
Así que el horno lo enciendo bien poco, por no decir nada, lo cual no significa que no me dé algún caprichito de vez en cuando, y es que hay un montón de postres deliciosos que preparar sin necesidad de pasar tanto calor en la cocina.
Hoy os traigo un clásico, el arroz con leche. Creo que ya lo he comentado alguna vez, ¡me encanta! ¡me chifla! ¡me vuelve loca! Es el postre sin chocolate que más me gusta con diferencia. Bueno, con permiso de los deliciosos
rollos de canela.
Es una receta de las de toda la vida, un clásico que sienta bien todo el año, pero que ahora bien fresquito es una delicia para pasar mejor el calor.
¡Y encima es sencillo de preparar! ¿Qué más se puede pedir?